Cómo la tecnología alimentaria lucha contra el hambre en el mundo

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La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación calcula que casi 800 millones de personas en el mundo padecen hambre crónica. Aunque la tecnología de los alimentos se ha asociado en gran medida a la producción de dulces, aperitivos y alimentos procesados, este campo técnico también ha sido importante en el desarrollo de soluciones para hacer frente al hambre en el mundo. He aquí algunos ejemplos vanguardistas de cómo la tecnología alimentaria puede resolver potencialmente los problemas de malnutrición y hambre en todo el mundo.

Alimentos terapéuticos listos para usar

La desnutrición aguda severa (SAM) es una condición que amenaza la vida y que afecta a casi 16 millones de niños pequeños en todo el mundo. Estos niños tienen nueve veces más probabilidades de morir que los niños nutridos. Para combatir esta epidemia mundial de desnutrición, se desarrollaron alimentos terapéuticos listos para usar (RUTF) para proporcionar una terapia nutricional a domicilio utilizando materiales de bajo coste y baja humedad. Utilizando cacahuetes como base de proteínas y lípidos, los RUTF contienen vitaminas y minerales, azúcares y otros aditivos proteicos como suero o leche en polvo para una composición completa de aminoácidos. Los RUTFs están diseñados para ser fácilmente digeribles, ser densos en nutrientes, mantener una larga vida útil por su bajo contenido de humedad, no requerir refrigeración, y estar empaquetados para facilitar su transporte y almacenamiento. Varias organizaciones compiten por los contratos de suministro con UNICEF, entre ellas MANA Nutrition, Valid Nutrition y Nutriset, que suministra el exitoso Plumpy'Nut.

Reactor de proteínas

Los investigadores de un estudio conjunto entre la Universidad Tecnológica de Lappeenranta (LUT) y el Centro de Investigación Técnica VTT de Finlandia han encontrado una forma de producir proteínas sintéticas utilizando electricidad a partir de recursos renovables. El proceso consiste en aplicar una corriente eléctrica a través de una mezcla de agua, dióxido de carbono y microorganismos. Al cabo de dos semanas, el biorreactor produce un gramo de alimento crudo que contiene un 50% de proteínas, un 25% de hidratos de carbono y un 25% de lípidos y ácidos nucleicos. Dado que el proceso es continuo e independiente de las condiciones ambientales que pueden afectar a los métodos de producción de alimentos en las granjas, puede utilizarse para ayudar a alimentar a las personas que sufren de hambrunas y de inanición. Aunque todavía está en sus primeras fases de desarrollo, el objetivo del proyecto es producir alimentos ambientalmente sostenibles con mayor eficiencia energética que las prácticas agrícolas actuales.

Alimentos en polvo

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde o se desperdicia, siendo las frutas y las verduras las que más se desperdician de todos los alimentos.  Alimentos en polvo FoPo es la creación de un equipo internacional de la Universidad de Lund. La empresa recoge en las granjas frutas y verduras de bajo coste que están a punto de caducar, y las transforma mediante secado por pulverización en un producto estable que puede durar hasta dos años. En forma de polvo, el producto puede transportarse fácilmente sin perder el contenido nutricional del producto original. El equipo compitió y ganó recientemente el Thought for Food Challenge, y completó una exitosa campaña de recaudación de fondos a través de Kickstarter.

Cultivo de grillos

La entomofagia, o la alimentación a base de insectos, se está convirtiendo en una tendencia muy caliente como solución sostenible para aliviar el hambre en el mundo. En 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura redactó un informe que demostraba que los alimentos basados en insectos contenían altos niveles de nutrientes esenciales, incluida una composición proteica completa. Aprovechando estos conocimientos, empresas emergentes como Exo, Bitty Foods, Six Foods, Aspire y Entomo Farms están intentando desarrollar y suministrar productos alimenticios a base de grillos para el consumo humano. El principal ingrediente utilizado en estos productos es la harina de grillo, que es una proteína en polvo derivada de grillos asados y secados y combinada con una harina normal para su fluidez. Sin embargo, uno de los principales retos del mercado de los insectos comestibles es cambiar la cultura alimentaria predominante, que considera que comer insectos es un tabú. Además, aún faltan conocimientos técnicos sobre cómo se comporta el polvo de grillo en un alimento, ya que los lípidos del polvo de grillo producen sabores extraños durante el almacenamiento.

Microalgas

Con el aumento de la población mundial, habrá una mayor necesidad de alimentos ricos en nutrientes. Un estudio reciente sugiere que las microalgas podrían ser una de las muchas soluciones potenciales al inminente reto de la abundancia y la sostenibilidad de los alimentos. Las microalgas tienen un alto contenido nutricional, con ácidos grasos omega-3 y aminoácidos. Por ejemplo, la microalga espirulina contiene un contenido de proteínas de 65% su peso seco total. Las microalgas pueden cultivarse fácilmente utilizando dióxido de carbono y luz solar en estanques abiertos con agua dulce o salada. También se pueden cultivar en fotobiorreactores, utilizando LEDs como fuente de luz. Estos tienen la ventaja de ser apilables e independientes de los cambios de luz solar, lo que permite escalar la producción de alimentos de forma vertical. Sin embargo, se necesitan nuevos procesos para convertir las microalgas en un producto comestible consumible por el ser humano. Y empresas como Corbion (antes TerraVia y Solazyme), siguen enfrentándose a problemas tecnológicos a la hora de cultivar microalgas a escala, así como a retos de seguridad alimentaria con la reciente reacción de los consumidores debido a incidencias de malestar gastrointestinal cuando su harina de algas se utilizó en el producto Soylent.

Drone comestible

Los lanzamientos aéreos de suministros alimentarios de emergencia en regiones inaccesibles y con escasez de alimentos suponen una gran cantidad de recursos. Se calcula que el coste de un lanzamiento aéreo es de $1.000 por tonelada de alimentos, lo que incluye el combustible, el transporte aéreo, los materiales, el embalaje de las cajas y los paracaídas. Para reducir este despilfarro, Nigel Gifford puso en marcha Windhorse Aerospace para diseñar el primer dron desechable y comestible que servirá en misiones de ayuda humanitaria. Llamado Pouncer, el dron está construido en gran parte con materiales alimentarios, con su cuerpo principal y sus alas llenas de una variedad de alimentos. El resto de la estructura es de madera, que puede utilizarse como combustible para cocinar y calentar. Sin embargo, el dron comestible ha recibido críticas por su mala ejecución y su falta de conocimiento de los problemas que conlleva la ayuda humanitaria.

Aunque ninguna de estas tecnologías resolverá por sí sola la crisis del hambre en el mundo, cada una de ellas puede contribuir a su manera a este creciente reto a medida que la población mundial sigue aumentando.

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Sobre el autor

Bryan Le es actualmente becario de investigación de posgrado en ciencia y medicina y estudiante de doctorado en el Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Wisconsin-Madison. Está estudiando los efectos beneficiosos y el mecanismo de acción de los compuestos del sabor que se encuentran en la cebolla y el ajo. Ha escrito y editado artículos para el galardonado blog Science Meets Food, patrocinado por la Asociación de Estudiantes del Instituto de Tecnólogos Alimentarios, y le apasiona comunicar la ciencia al público. Bryan tiene un máster y una licenciatura en química por la Universidad de California, Irvine. Ponte en contacto con él en bryanquocle(at)gmail(dot)com, y descubre más sobre su trabajo en bryanquocle.journoportfolio.com

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